domingo, 28 de agosto de 2016 0 comentarios

840. Madre de los Sacerdotes



Madre de los Sacerdotes

65 hermanos sacerdotes del Presbiterio de Aguascalientes acaban de hacer los Ejercicios espirituales anuales organizados por la diócesis, tercera de las cuatro tandas programadas. La diócesis de Aguascalientes, sufragánea de Guadalajara, es una diócesis bendecida por el Señor con constantes vocaciones. Hace 40 años el Prebiterio (me decía el P. Rector) el presbiterio eran unos 70 sacerdotes. Hoy suman 304. En la actualidad, según el “Calendario escolar de 2016-2017”, veo que el Teologado son 41 alumnos (aparte de dos que estudian en el extranjero): 14 de cuarto curso, 9 de tercero, 9 de segundo y 19 de primero. El Señor les bendiga. He aquí un poema oracional compuesto al final de los Ejercicios.
(El título de “Buena Madre, Bonne Mère”, evoca una imagen querida en la tradición marista, escrito en la capilla donde celebramos).


Madre de los Sacerdotes,
de este nuestro Presbiterio.
bajo tu mando de Madre
acoge anhelos y ruegos.

De la Gran Misericordia,
tú fuiste el primer Adviento,
y de tu seno brotó
Jesús de la Cruz y el Huerto.

Eres fruto de Israel
para ser toda Evangelio,
discípula en la Palabra,
Madre y Esposa del Verbo.

De los pobres del Señor
la más pobre de este suelo,
tu riqueza es tu obediencia,
tu Hijo, el tesoro pleno.

Peregrina de la fe,
conoces nuestro sendero,
y eres maestra de amor
como Virgen del silencio.

Madre de Dios invocada,
corazón de los misterios,
eres humano latido
hija y hermana en mi pueblo.

Dulce Madre, Buena Madre,
caricia del Padre bueno,
a tu regazo me acojo
porque quiero ser fiel siervo.

Gloria sea a Jesucristo,
toda gracia de los cielos,
pan de Dios de cada día,
mi Dios vivo y verdadero. Amén.


Encarnación de Díaz, Casa Marista de Encuentros,
Ejercicios a Sacerdotes, 26 agosto 2016.
jueves, 25 de agosto de 2016 0 comentarios

839. Domingo XXII, C – Jesús, comensal en un banquete: parábolas de humildad, de verdad, de grandeza y amor.



Homilía para el Domingo XXII del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 14,1. 7-14


Texto evangélico:

14 1 Un sábado, entró él en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando
(El lugar en el banquete)
7 Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: 8 «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; 9 y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. 10 Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. 11 Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
     (Invitar a los pobres)
     12 Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. 13 Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; 14 y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».


Hermanos:
1. Vamos recorriendo los capítulos del Evangelio de san Lucas, y hoy nos encontramos en el capítulo 14. Este capítulo se abre con un banquete al que Jesús ha sido invitado. Era sábado, día sagrado de descanso.
En la cultura humana, según los pueblos, según los tiempos, el banquete ha dado mucha inspiración y mucha creación.  En un banquete pasan muchas cosas, en torno a una buena comida y una buena conversación. Lo estudiosos del Evangelio saben que lo de las “comidas de Jesús” es todo un monumento de revelación: comidas antes de la Pascua, comida de Pascua, comidas de Jesús después de la Resurrección.
Los estudiantes de Filosofía yd e Literatura saben que hay una célebre obra en la antigüedad: El Banquete, obra escrita por Platón. Se han juntado unos amigos para hablar en coloquio familiar y festivo sobre un alto tema de teología y vida: qué es el amor. Cada uno da su opinión mientras escancian los buenos vinos que, al final, les va a dejar dormidos. El personaje central es Sócrates, maestro de Platón. Sucesos que ocurren 400 años antes de Jesucristo, y que, un poco después, los ha a recoger y escribir Platón. Es la obra más conocida de Platón.

2. Hoy tenemos este Evangelio que nos remite a una sala de banquete y a diversos dichos de sabiduría: la elección del puesto en el banquete, la invitación a los pobres, la parábola de la gran cena. La sección del Evangelio se centra en dos enseñanzas de Jesús.
No sería una buena interpretación si dijéramos simplemente que Jesús, como un doctor moralistas nos está dando lecciones de vida por medio de parábolas, dichos ingeniosos, apólogos entretenidos. En realidad, Jesús nos está hablando del Reino de Dios. En ese Reino de Dios, que comienza aquí en la tierra con el grupo de discípulos, no podemos ir en busca de los primeros puestos. Una sentencia taxativa de Jesús cierra este mensaje: Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

3. El último puesto ha sido el comportamiento de Jesús. San Marcos, al inicio de la vida de Jesús, narra lo que ocurre con un leproso: “Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie…” (Mc 1,40-44).
No es un caso aislado. Este deseo de ocultamiento ha sido un constante del proceder de Jesús, y debe marcar nuestra dirección.
Espontáneamente pensamos que cuanto más alto, que cuanto más famoso, mayor ámbito de irradiación y mayor bien para conquistar los hombres para Dios. El proceder de Jesús no ha sido ese, sino el contrario.
En los tiempos arcaicos de la marcha de Israel por el desierto, a propósito de ciertas murmuraciones contra Moisés, provenientes de sus propios hermanos, María y Aarón, dice la Sagrada Escritura: “Moisés era un hombre muy humilde, más que nadie sobre la faz de la tierra” (Núm 12,3). Moisés era el más grande. Sigue el texto sagrado: “el Señor les habló: «Escuchad mis palabras: si hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; abiertamente y no por enigmas; y contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?»” (vv. 6-8).
Así es la verdad ante Dios: el más grande, el más fiel, es el más humilde. Si una persona no es humilde, no es grande. El más grande es el más humilde, y el más humille el más grande.
Este es Jesús, solo él, y esta es la pauta que debe gobernar en la comunidad de Jesús. Lo demás es apariencia y engaño.

4. En la segunda pare del Evangelio de hoy, siempre en la escena de un banquete, encontramos el dicho de Jesús acerca de quién deben ser nuestros invitados. Aquí, de nuevo, el mundo queda al revés con las palabas del Señor. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».
Cuatro personas indigentes que no pueden correspondernos. Jesús nos está poniendo al vivo la comunidad en la que él ha vivido. Los pobres son los amigos de Jesús, los lisiados, cojos y ciegos. Esos son mi gente a la que yo tengo que acudir a su puerta.

5. Esta forma de hablar de Jesús tiene que dar un tono a la Iglesia, lo mismo que a nuestras comunidades y a los que, de alguna manera, servimos en algún puesto que pueda significar algo de influjo. El discípulo, como su Maestro, ha de ocupar el último lugar, el último puesto, y se ha de encontrar a gusto con esos, que la sociedad ha marginado.
Y estos pensamientos no son palabras para hacer un discurso sociológico acerca de la Iglesia. No hacemos un discurso sociológico, sino teológico. Se trata del valor de los humildes ante Dios, de aquellos a quienes, con una palabra, podemos llamar “los pobres del Señor”.
La Virgen María resplandece entre los pobres del Señor; es la más pobre de los pobres por la actitud de su corazón. Es la esclava del Señor. Así se define ella. María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 2,38). Y sobre esa humildad pudo encarnarse Dios entre los hombres.

6. Oremos, hermanos, al Señor, nuestro Dios:
Dios mío, como tu Hijo, Jesús; como tu sierva, María, yo quiero ser ante ti lo que soy. No hay mayor grandeza, no hay mayor felicidad. Amén.

Encarnación de Díaz, Jal. (Diócesis de Aguascalientes), Casa Marista de Encuentros y Oración, jueves 25 agosto 2016.
jueves, 18 de agosto de 2016 2 comentarios

838. Domingo XXI, C – Jesús salvación de Dios ante el destino eterno del hombre



Homilía para el Domingo XX del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 13,22-30


Texto evangélico:
22 Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén. 23 Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo: 24 «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. 25 Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”. 26 Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. 27 Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”. 28 Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. 29 Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

Hermanos:
1. Hoy a Jesús le hacen una pregunta, y Jesús contesta. Pero no la responde dando una clase de teología, sino haciendo una invitación. Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Y Jesús no responde, diciendo si son muchos o son pocos, si se condenan muchos o se condenan pocos; y ni siquiera si hay un solo condenado. Ni ahora ni nunca Jesús nos ha dado una estadística sobre los condenados.
La preocupación de aquel hombre que lanza una pregunta crucial a Jesús, puede ser la preocupación nuestra, que podemos lanzar preguntas sobre las cuestiones definitivas y eternas. Podemos preguntar cosas muy concretas. He aquí tres preguntas:
Primera. ¿Son muchos o pocos los que se condenan?
Segunda. Pero ¿existe el infierno eterno para que se condene la gente?
Tercera. ¿Existe el demonio?

2. Cada una de esas tres preguntas está tocando algo infinito. El infierno es el mal infinito en estado puro, en cuanto una criatura, limitada y no infinita, puede participar de algo infinito por los siglos de los siglos. Y el demonio será entonces la petrificación del mal en una criatura.
Si comienzo a hablar así estoy filosofando. Y el Evangelio no es ninguna filosofía.
Otro puede decir: Honestamente no lo sé, no te puedo responder. Pero, por si acaso, es mejor que te atengas a estas creencias, no sea que sean verdad y uno se encuentre sin remedio en la condenación eterna. Hermanos, esta contestación no es cristiana. Ante un asunto definitivo no podemos responder con un “por si acaso”, porque eso es jugar con la fe.

3. Otra persona puede decir: No hablemos de esto, porque nadie sabe nada, y todo son puras teorías. No es una respuesta sabia. La ignorancia no puede ser fundamento de la fe. No se puede decir: “No hablemos de esto”, porque Jesús ha hablado.
Hay que hablar. Pero lo correcto es saber cómo ha hablado y desde dónde ha hablado.
Lo queremos intentar, con humildad y amor, conscientes de todas las limitaciones inherentes a cualquier humana inteligencia, incluso a la Iglesia, que va anunciando el Evangelio entre los gozos y esperanzas de los hombres, y utilizando el lenguaje de los hombres, como Jesús lo ha utilizado.

4. El anuncio único, total e integrador de Jesús ha sido la salvación de Dios, no otra cosa. Jesús inicia su ministerio diciendo: Ha llegado el Reino de Dios. Esta es una verdad que no puede alcanzarla ninguna Filosofía de la tierra. Ni los Filósofos de antaño, maestros permanentes de la humanidad, ni los filósofos fraguados en el pensamiento de hoy, pueden decirnos: Ha llegado el Reino de Dios.
Esto no lo ha dicho ni Sócrates, Platón o Aristóteles. Esto tampoco lo ha dicho Moisés, tampoco lo ha dicho Isaías. Esto es una verdad revelada, que solo la puede comunicar aquel que él mismo es “el Reino de Dios”.
Ha llegado el Reino de Dios, y el reino de Dios es salvación. No es salvación y condenación; no es salvación y condenación. Si fuese salvación y condenación eso sería el Reino de los Hombres.
El Reino de Dios es la Santidad misma de Dios, el Don total de Dios, la Comunión con Dios, la Vida de Dios, el gozo de Dios.
Eso es el Reino de Dios.
Es el todo Dios dado al hombre. Por tanto, el Reino de Dios es la gratuidad de Dios, el amor de Dios regalado al hombre. Ningún ser humano es digno del Reino de Dios, y el que lo posee sólo lo puede poseer como regalo de Dios.
No ha habido, ni puede haber un santo digno del Reino de Dios. Ni la santísima Virgen es digna de ese Reino.

5. Este Reino Jesús lo proclama y lo ofrece a toda la humanidad, a todos y cada uno de los seres humanos, comenzando por el pueblo de Israel… Pero los destinatarios son todos – somos todos – absolutamente todos. Yo, peregrino en la historia humana, soy el destinatario del don del Reino. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (Jn 3,16-17).
Ahora viene la pregunta hermanos: ¿Qué pasa si yo, a quien se me ha regalado de un modo absoluto, total y gratuito, el Reino de Dios, rechazo lo que se me está dando? Lo que pasa es que yo estoy negando de frente, de una manera monstruosa y absurda, a Dios que me dio la vida y ahora se me está dando en exhaustividad. Este rechazo de Dios, y no otra cosa, es el infierno. El infierno es Dios a la inversa y tiene la magnitud de Dios por su contrario. El infierno representado por el diablo es Dios a la inversa…
Nuestra mente estalla, y donde empezaría la teología, allí mismo la teología se rompe. Si el Reino de Dios no es una verdad racional, sino una verdad de fe, el Anti-reino de Dios, que es el Infierno, es igualmente una verdad de fe, cuyo contenido no podemos penetrar.
Jesús no nos está dando una lección de teología, porque no es un Teólogo; es el Enviado de Dios para nuestra salvación. Jesús cuenta con parábolas coloridas, pero no es un Cuentista para entretenernos. Es el Profeta de Dios, el único profeta del Reino de Dios.

6. En una palabra, Jesús es la misericordia de Dios, el don sin retorno de Dios. Es el infinito para mí, nacido con hambre de Infinito en las células de mi ser.
No podemos continuar más, hermanos, pensando, porque no se trata de pensar, sino de elevar el corazón y rendirlo ante ÉL.
No digamos más palabras. Adoremos y nuestra adoración se resuelva en un acto de oblación sin fondo.

7. Jesús, te adoro en tiempo y eternidad. Tú eres la santidad de Dios. Tú eres mi santidad. Tú eres mi salvación. Amén.

Guadalajara, jueves, 18 agosto 2016.
 
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