domingo, 4 de diciembre de 2016 2 comentarios

869 - 80 ADVIENTOS



80 ADVIENTOS
Nací en Alfaro, La Rioja, España,
el 5 de diciembre de 1936;
recibí el santo Bautismo
el 9 de diciembre de 1936.
Deo gratias!


Ochenta veces Adviento
es el curso de mi vida;
todo es gracia recibida
y agradecer es mi aliento.

Pido perdón, muy sincero,
con humilde corazón,
mas sé que esta confesión
no es lo esencial más certero.

Como cristiano que soy
existo existiendo “en Cristo”,
no soy yo el que conquisto,
Cristo es mi ayer y mi hoy.

La gracia del celibato
para el que fui consagrado
es su triunfo señalado,
jamás mi gloria y boato.

De sus dones el mayor,
según dice la Escritura,
es ser presencia y figura
de su cruz y de su amor.

Por eso nada te pido
para el resto de mis días,
que sean mis alegrías
el ser tú mi casa y nido.


Fr. Rufino María Grández Lecumberri, OFMCap


Receso de clase de Sagrada Escritura
en Instituto Superior Salesiano,
5 diciembre 2016

 
viernes, 2 de diciembre de 2016 3 comentarios

868. Domingo II Adviento, ciclo A– Conversión y Espíritu Santo



Juan el Bautista invita a la conversión y anuncia a Jesús, dador del Espíritu
Homilía para el Domingo II de Adviento, del ciclo A,
Mt 3,1-12


Texto evangélico:
3 1 Por aquellos días, Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: 2 «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». 3 Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: | “Preparad el camino del Señor, | allanad sus senderos”».
 4 Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; 6 confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. 7 Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8 Dad el fruto que pide la conversión.
 9 Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. 10 Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

Hermanos:
1. En os cuatro domingos de Adviento, a persona de Juan el Bautista, Precursor del Señor, es la figura del domingo II y del domingo III, todos los años, figura que siempre nos remite al centro, que es Jesús. El Adviento tiene tres figuras radiantes: Isaías, Juan el Bautista, la Virgen María; tres referencias con un mismo mensaje: Jesús, el Salvador.
Al escuchar el Evangelio de hoy, que es la primera página del Evangelio de san Mateo, después que el evangelista ha escrito el Evangelio de la Infancia, nos vamos a fijar en dos puntos:
El primero, Juan el Bautista nos anuncia hoy la conversión.
El segundo, Juan el Bautista anuncia a Jesús como aquel que tiene el Espíritu y nos lo entrega en el bautismo.

2. La primera palabra de Juan el Bautista en el Evangelio de san Mateo. Convertíos. He aquí el anuncio: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
De modo sorprendente es este el mensaje de Jesús, con las mismas palabras, al comenzar su ministerio en Galilea:
“Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea” (4,12)… Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»” (4,17).
El “Reino de los cielos” en el lenguaje característico de san Mateo, que es lo mismo que “el Reino de Dios” en el lenguaje más corriente del Nuevo Testamento.
La cercanía del Reino de Dios, que mucho ha dado que hablar a los exegetas, es una cercanía que no tiene marcha atrás. Se está hablando de un acontecimiento, que ha empezado ya, que Dios ha puesto en marcha, de tal manera que estamos en una vertiente nueva de la historia. Dios entra en la historia, para consumar la gran obra que Él quiere hacer. Esa obra se llama su “reino”, o, si se quiere, “su reinado”. Algo tan inmenso que solamente Él lo puede hacer. Los demás podemos colaborar: recibir, acoger, promover… Pero el reino de Dios, el Reino del Padre, dirá Jesús, Dios solo lo puede implantar en la tierra…
Padre, santifica tu Nombre, trae tu Reino; es la súplica del Padrenuestro.

3. Para acoger este Reino Juan lanza este grito: ¡Convertíos!, que es una sacudida desde el fondo del ser. La conversión es un cambio de vida; no es un pequeño arreglo de cosas que hay que rectificar, como es como un ajuste de motores para que todo funciona mejor. La conversión es bajar al fondo del ser y tomar o retomar la orientación fundamental de vida. Mi vida ¿hacia dónde apunta? Puede haber fallos y miserias, efectos de mi debilidad, pero si la orientación es bien fija y decidida, soy un convertido.
La conversión pide energía y totalidad y graba en el fondo del ser una actitud permanente. Frases típicas de Jesús son estas: Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehena” (Mt 5,29-30). La conversión, pues, apela a la voluntad total.

4. Las palabras de san Juan, recogidas en este Evangelio, nos resultan severas, ásperas, incluso virulentas… Pero ¿son verdaderas o falsas?
Estamos invitados cada uno de nosotros, hermanos, empezando por el que hablar a cuestionarnos ante el rostro misericordioso de nuestro Padre Dios, si mi vida es o no la vida de un humilde convertido que camina ante Dios humildemente así, vuelto hacia Él con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, como está escrito en la Tabla del Decálogo, de los Diez mandamientos.
“Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser” (Mc 12,29-30).
La conversión apunta hacia esa totalidad del amor, lo cual en ocasiones es un arrancón total y mortal.

5. Mas, con esto que estamos diciendo, hermanos, no estamos diciendo lo principal del mensaje de Juan.
Lo más bellos y hermoso de Juan, lo más tonificante, es loq eua nucnia a continuación: Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Estas frases nos dan el retrato de Jesús, y, de reversa, el verdadero retrato del Bautista.
Juan no merece ni llevarle las sandalias, no merece ser un esclavo, un criado de Jesús. Él solo prepara el camino, él es un mensajero, como anunció Isaías.
En cambio, Jesús es el que tiene el Espíritu. Y el bautismo de Jesús va a ser Espíritu Santo y fuego: se anuncia ya la gracia total de Pentecostés, culminación de la vida de Jesús.

6. Por este motivo hoy acudimos al oráculo mesiánico que volveremos a escuchar en Navidad: Sobre él se posará el espíritu del Señor: | espíritu de sabiduría y entendimiento, | espíritu de consejo y fortaleza, | espíritu de ciencia y temor del Señor (Is 11,2).
Jesús tiene todo el Espíritu de Dios, y ese Espíritu es el que nos enterga a nosotros en las aguas bautismales. Cuando un cristiano es bautizado, adulto o infante, es bautizado en el Espíritu Santo y a él se comunica el Espíritu de Jesús.

7, Señor Jesús, que llevas en ti todo el amor del Padre, toda la fuerza y fecundidad del Espíritu,
Señor Jesús, que nos has comunicado estos dones en el bautismo,
Reaviva en nosotros el don de tu gracia infinita, y haznos sentirnos hijos de Dios con todas sus consecuencias. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 2 diciembre 2016
 
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