viernes, 17 de febrero de 2017 1 comentarios

894. Domingo VII A – Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.



Homilía para el Domingo VII del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 5,38-48

Texto evangélico:
38 Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. 39 Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; 40 al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; 41 a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; 42 a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
         43 Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. 46 Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? 47 Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? 48 Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Hermanos:
1. Quedaba claro, al meditar el mensaje de Jesús el último domingo:
- que el Dios del Antiguo Nuevo Testamento y el Dios de Jesús es el mismo, porque el Dios del Antiguo Nuevo Testamento no es el Dios del castigo y del terror y el Dios de Jesús en el Nuevo Testamento es el Dios de la ternura y del amor, pues no hay más que un solo Dios verdadero;
- y que la Alianza que Dios estableció con su pueblo en el Sinaí no ha sido abolida.
Y al mismo tiempo es claro que la Trinidad no se revela en el Antiguo Nuevo Testamento, sino, mediante la Encarnación, en Jesús, en su santa muerte y resurrección. Y esto ciertamente da una novedad absoluta a todo el mensaje.  Jesús lo llama “plenitud”, no sustitución, no complemento.
Y al llegar a esta cima, cabe una relectura de todo lo anterior, desde la nueva perspectiva trinitaria con un enfoque nuevo, con un frescor diferente. Todo el Antiguo Nuevo Testamento pasa a ser Nuevo en Cristo, y en esta perspectiva alcanzan su sentido las seis antítesis establecidas en el Sermón de la Montaña: “Habéis oído que se dijo…; pero Yo os digo…”.

2. Hoy acabamos de escuchar las dos últimas de estas síntesis, y las dos giran en torno a lo mismo: amor y odio, amigo y enemigo, justicia y perdón. El Ojo por ojo, diente por diente, es justicia, al menos, aparente justicia. Esta justicia igualitaria nos lleva a estos ejemplos  “… si hay lesiones, pagarás vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal” (Ex 21,24-25).
Pero frente a esta justicia arrasadora, también el Antiguo Testamento dice, como nos lo recuerda la primera lectura de hoy: El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,1-2). “No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”. (vv. 17-18).

3. Ante estas frases del Evangelio, ¿qué ha de pensar, hermanos, un cristiano frente a la pena de muerte? El mundo va caminando hacia la abolición, pero falta mucho. En las enciclopedias podemos entrar datos de este género: “De los 49 Estados soberanos de Europa: 47 han abolido la pena de muerte por completo. 1 mantiene la pena de muerte pero está bajo una moratoria. 1 mantiene la pena de muerte y la aplica”.
Acerca de México: “La pena de muerte estaba contemplada por la Constitución de 1917, por homicidio con alevosía, padricidio y traición a la patria. Ultima ejecución civil en 1937 y militar en 1961. Para 1975, todos los estados de la república mexicana habían abolido la pena de muerte aunque a nivel federal seguía existiendo. Abolida en el 2005 para todos los crímenes” (Wikipedia: Pena de muerte por país).

4. Nos sorprendió enormemente que en el Catecismo de la Iglesia Católica, que se publicó en el “11 de octubre de 1992, trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y año decimocuarto de mi pontificado” (Juan Pablo II), se dijera: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas” (Catecismo de la Iglesia Católica 2267).
Con estas palabras la Iglesia no defendía la legitimidad evangélica de la pena de muerte, sino que, poniéndose en una plano ético-filosófico, con el apoyo de los antiguos doctores (Santo Tomás, entre ellos),  la Iglesia legitimaba a los estados que la tenían en su constitución como último recurso. Ahora bien, ¿es esa la palabra adecuada que la Iglesia tiene que dar al mundo? ¿Es que le importa a la Iglesia ser Maestra de Ética Filosófica?
Correctamente, “En la última corrección del Catecismo se omite la frase en la que se decía que la pena de muerte podría admitirse "en caso de no existir otra posibilidad", y se limita a sostener que el gobierno ha de buscar los medios más adecuados para castigar a los criminales. Con esto la Iglesia va estrechando las posibilidades, hacia una condena cada vez más rotunda de la pena de muerte” (Catholic.Net, ¿Aprueba la Iglesia la pena de muerte?).

5. Así, pues, hermanos, si queremos se discípulos de Jesús, si queremos seguir el espíritu de las Bienaventuranzas y del Sermón de la Montaña, nunca jamás la pena de muerte, nunca, absolutamente nunca. Venced al mal con el bien. La muerte nunca es vida, la muerte es un mal irreparable.
Pero hay un argumento supremo, el único válido de verdad para un creyente. Jesús fue rechazado por sus hermanos; fue rechazado y murió. Murió uno por todos, para que todos vivan. Nunca más una muerte. No podemos predicar a Jesús, si seguimos predicando que se justifica la pena de muerte; de ninguna manera.

6. Veamos ahora qué dice Jesús con respecto a nuestros enemigos, porque esto nos atañe a todos. ¿Quién no ha sentido en su corazón el rencor, el deseo de venganza ante una injuria recibida?
¿Qué piensa Jesús? El pensamiento y la respuesta de Jesús es sencillo y sublime. Mirad al Padre - nos dice – meteos en su corazón. El Padre Dios no tiene enemigos, porque todos son sus hijos. Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
A lo mejor uno, en su locura, quiere ser enemigo de Dios, pero Dios no quiere ser enemigo de nadie, y da el sol y la lluvia sin distinguir categorías de personas. Todos somos hijo, ninguno es mirada como enemigo.
Nos dice Jesús que recemos. Esta es la prueba que nos tranquiliza, Yo puedo sentir vivo rencor contra una persona que me ha hecho mal. Señor, voy a rezar un Padrenuestro por esa persona… Con esto sé que no le odio, aunque mis sentimientos no acaben de apaciguarse.

6. Señor Jesús, una vez más te damos gracias por las sencillas y sublimes palabras del santo Evangelio, porque esas son palabras de vida para mí y para mis hermanos, ahora y por siempre. Amén.

Guadalajara, 17 febrero 2017.
lunes, 13 de febrero de 2017 0 comentarios

893. Canción de despedida a la Madre



Canción de despedida a la Madre.
(A las 4.30 p.m. se ha ido la Virgen de Zapopan. Le hemos acompañado hasta ponerla en su humilde carroza de un vehículo, acomodado como un doméstico trono entre cristales. Adiós, Madre querida).

1. Yo le canto sin palabras
a la madre que se va,
le canto con sentimientos,
porque soy sentimental.

2. Acaso porque mi vida
es de un hombre intelectual,
y un muro gordo de libros
siempre tengo que cruzar.

3. ¿No es más libre y más divino
soltar alas y volar,
avecilla encantadora,
bella entre el cielo y el mar?

4. Arrimado a las mujeres,
que son madres de verdad,
al despedir a la Virgen
tengo ganas de llorar.

5. Ya estoy perdido en la iglesia,
en un banco, uno más,
acariciando el rosario
y sin ganas de rezar.

6. Tengo tantos pensamientos,
que ya no sé qué pensar,
y, al naufragar, he encontrado
que pensar se hacía amar.

7. Dulce hallazgo de mi vida
de devoción popular,
buena madre, madrecita,
que me da seguridad.

8. A mi casa me regreso,
que tan cerquita que está,
y llevo una cobijita
para dormir y soñar.

9. Me sentí niño inocente
para poderla mirar
y sentí que me miraba
con sonrisa celestial.

10. Dios mío, ¡qué profesor
tan sabio e insustancial…!
Pero así yo me prefiero,
así…, así…, de verdad.

11. Adiós, Madre muy querida,
que aunque marches siempre estás,
recuerdo de cada día,
en mi casa pan y sal.

12. Déjame como regalo
lo que te vengo a implorar,
que yo sienta tu caricia
que no me deje pecar.

13. Que sea mi corazón
puro y sencillo a la par,
hermoso como una flor,
lleno de felicidad.

14.  Madre tierna de Jesús,
Madre de la cristiandad,
plegarias son tu corona
y tu respuesta, la Paz. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 13 de febrero de 2017

Fr. Rufino María Grández, OFMCap.
 
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