domingo, 19 de noviembre de 2017 0 comentarios

1016. Entra en mi gozo, hijo mío



Entra en mi gozo, hijo mío


Intra in gaudium Domini tui (Mt 25,21.23)

La parábola nos habla del siervo “bueno” y “fiel”, que merece la felicitación de su amo. No creo traicionar a la exégesis, si tras la palabra veo a la comunidad celebrante que espera la vuelta del Señor Jesús.
Tras la felicitación viene la invitación: “Entra en la alegría de tu Señor”. Entiendo que no hace falta apurar la metáfora, para traducir la alegría (jará) por “banquete” (Pasa al banquete de tu señor), y la nueva versión del Epsicopado ha recobrado la versión tradicional: “Entra en el gozo de tu Señor”.
La parábola nos invita a preguntarnos: ¿Quién es Dios para mí…? Dime quién es tu Dios y te diré quién eres tú. Ciertamente el tercer personaje no nos da al Dios de la Biblia, cuando intenta autojustificarse: Te tuve miedo
San Agustín comenta el explosivo salmo 95:
   Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra. Vino una primera vez, pero vendrá de nuevo. […]
En efecto, ¿qué clase de amor a Cristo es el de aquel que teme su venida? ¿No nos da vergüenza, hermanos? Lo amamos y, sin embargo, tememos su venida. ¿De verdad lo amamos? ¿No será más bien que amamos nuestros pecados?” (S. Agustín, Comentario al salmo 95).
Pensamiento, o más bien sensaciones, que nos llevan por la vía estética a cantar “el gozo de mi Señor”, en el que yo entro, en el que yo me pierdo.


1. Entra en mi gozo, hijo mío,
el de la frente cansada:
los talentos han rendido,
que viste el triunfo en mi gracia.

2. Que viste el rostro de Dios
como la fuerza del alba,
Dios de la vida rompiente,
siempre más cuando te abraza.

3. Siervo bueno, siervo fiel,
¡felicidades y palmas!
Entra en mi gozo y comparte
el banquete de mi alma.

4. Mi vida no tiene muerte,
porque es vida en abundancia;
no hay números de contar
donde la vida es mi estancia.

* * *
5. Yo nací para esta vida
con infinita nostalgia,
desperté de amor herido
y el amor me hiere y sacia.

6. Ni los talentos importan,
ni calcular las ganancias,
entrar en tu gozo sí,
abriéndome tú la entrada.

7. Me quedo en tus ojos puros,
con el ansia traspasada;
de viaje te fuiste un día
heme aquí, a tu llegada.

Guadalajara, domingo XXXIII del tiempo ordinario, ciclo A.
19 noviembre 2017
sábado, 18 de noviembre de 2017 0 comentarios

1015. Beato Solano Casey, capuchino, Detroit 18 nov 2017



BEATO
FRANCISCO SOLANO CASEY
sacerdote capuchino (1870-1957)
Detroit, 18 de noviembre de 2017



Bernardo [Francisco Solano] Casey, el sexto de dieciséis hermanos, nació en Prescott, Wisconsin (EE.UU.) el 25 de noviembre de 1870 en una familia de campesinos de origen irlandés. Los padres, Bernard James Casey y Ellen Elisabeth Murphy, impartieron a sus hijos una sólida educación religiosa: tres de ellos llegaron a ser sacerdotes.
Al terminar la escuela primaria, el joven Bernardo emprendió diversas ocupaciones: trabajador agrícola, leñador, mecánico, electricista, guardia de la prisión, conductor de tranvía, panadero. De carácter fuerte y voluntarioso, estaba dotado de un profundo espíritu altruista y una agradable dosis de buen humor.
En 1892, a la edad de veintidós años, Bernardo ingresó al seminario diocesano de San Francisco de Sales en Milwaukee. Al no poder pagar la cantidad total de dinero, se ingenió para hacer de peluquero de sus compañeros. Debido a su edad avanzada y a su preparación inadecuada, encontrará enormes dificultades en sus estudios al punto que, después de cinco años de seminario, los superiores le aconsejaron abandonar la perspectiva del sacerdocio y le sugirieron que se hiciera religioso.
… El joven Bernardo en verdad no mostraba mucho entusiasmo por los Hermanos Capuchinos porque en ese tiempo en la Orden se utilizaba principalmente el idioma alemán y las dificultades con esta lengua ya habían surgido en el seminario. Tampoco se sentía atraído por tener que usar la barba de por vida. Así pues, presentó su pedido tanto a los Hermanos Menores como a los Hermanos Capuchinos y comenzó una novena a la Virgen para pedir un poco de luz.
En las vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción del año 1896 comprendió que tenía que ir a los Capuchinos en Detroit. El 14 de enero de 1897, en el convento de San Buenaventura en Detroit, comenzó su noviciado, dejando las dudas atrás. Concluido el noviciado, el 21 de julio de 1898, emitió la profesión retomando los estudios de teología en el Seminario Seráfico de Milwaukee. Los idiomas utilizados para la enseñanza, el alemán y el latín, no le facilitaron ciertamente el aprendizaje. Sin embargo, a pesar de esta dificultad, los superiores decidieron ordenarlo sacerdote, alentados por las palabras del Director de Estudios: "Ordenaremos al hermano Francisco Solano y, como sacerdote, él será para el pueblo una especie de cura de Ars". El 24 de julio de 1904, recibió la ordenación sacerdotal como sacerdox simplex, con la fatigosa cláusula de no confesar ni predicar en público. La limitación impuesta a su ministerio fue ciertamente una humillación continua y una cruz pesada, pero el hermano Francisco Solano acogió la decisión de los Superiores con un espíritu de fe y gran humildad.
(…) Su primera obediencia lo condujo a la fraternidad de Yonkers (1904-1918), como sacristán y asistente de las mujeres que cuidaban el decoro de la iglesia. A continuación, una nueva obediencia lo llamó a Manhattan (1918-1924), como portero y promotor de la Obra Seráfica de las Santas Misas para la ayuda de las Misiones Capuchinas. Este compromiso que podría parecer una simple función administrativa,  fue transformada por el hermano Francisco Solano en una promoción de la participación en la Santa Misa, de la animación misionera y de la necesidad de orar por los difuntos. Inscribiendo en el registro el nombre del donante, incluía también sus intenciones particulares. Inscribía a todos, incluso a aquellos que no tuvieran para dar una pequeña ofrenda. La gente sencilla había comprendido que el hermano Francisco Solano no era un funcionario, un administrador, sino que era una persona que los acogía, los escuchaba  y en su oración llevaba los dolores de todos al Señor. Y los frutos no faltaron porque el hermano Francisco Solano se encontraba ocupado todo el día escuchando, consolando, instruyendo y acompañando a mucha gente. Desde 1923, bajo obediencia del superior, tenía un registro donde la gente anotaba las gracias recibidas, remarcando que estas eran el fruto de la oración, de la participación en la Santa Misa, de la celebración de los sacramentos. A muchos que habían recibido una gracia solía repetir: "Todo es posible para el que tiene fe en Dios, en su bondad, su misericordia y en la intercesión de la Virgen María, la Obra Maestra de Dios."
El 1 de agosto de 1924 el hermano Francisco Solano fue trasladado al convento de San Buenaventura en Detroit, como colaborador en la portería y permaneció allí hasta 1945. El portero oficial era también el sastre de los hermanos, debido a que la portería no era tan visitada. Conforme pasó el tiempo, el timbre sonó con más frecuencia y la puerta siempre se abría para hablar con el colaborador del portero. En este período Francisco Solano también fue designado para presidir la bendición de los enfermos, llamada de San Mauro, impartida con la reliquia de la Santa Cruz, que se celebraba todos los miércoles. La celebración había sido introducida antes de su llegada, pero con él tuvo un desarrollo extraordinario.
Durante los veintiún años de presencia en Detroit, el hermano Francisco Solano atrajo una multitud de personas que acudía a él, atraídos por la fama de sus virtudes y por las gracias extraordinarias atribuidas a sus oraciones.
El 21 de julio de 1945 recibió la obediencia de dejar la Fraternidad de Detroit, donde había dejado un signo profundo y real de su caridad, y de transferirse a Brooklyn (1945-1946). …
Su salud, sin embargo, disminuía lentamente; y después de repetidas internaciones en un hospital de Detroit, los superiores decidieron dejarlo en el convento de San Buenaventura en Detroit, donde murió el 31 de julio de 1957, a la edad de 87 años
(De la carta del Ministro general, Mauro Jöhri,
 1 noviembre 2017, para la beatificación).

HIMNO PARA LA LITURGIA DE LAS HORAS

1. Como simple sacerdote,
hermano, del todo hermano,
la lámpara de tu vida
es herencia en nuestras manos.

2. Eres tú primero y guía,
amable Francis Solano,
en tierra de grandes sueños
y pobres que van buscando.

3.  Eres candor y humildad,
el Evangelio irradiando,
violeta y suave perfume,
que al perfumar va sanando.

4. La oración de intimidad
tu semblante ha iluminado,
si tienes la fuente en ti,
la fuente vive manando.

5. A ti se acercan los Pobres,
en tus ojos confiados,
y el Pobre, huésped de honor,
es tu maestro callado.

6. ¡Oh Cristo vivo y perenne,
de Dios Padre el Hijo amado,
a ti nuestra adoración,
en los pobres revelado! Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 18 noviembre 2017, día de la beatificación de Francisco Solano Casey en Detroit, estado de Michigan, USA, y víspera de la I Jornada Mundial de los Pobres.
 Fray Rufino María Grández, OFMCap.
 
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